Espiritualidad

GUIA PARA EJERCITARNOS EN LA ORACIÓN IGNACIANA

MEDITATIVA REFLEXIVA

 

 

1.- PREPARACIÓN DE LA ORACIÓN


“Un paso o dos delante del lugar donde tengo que meditar, me pondré en pie por espacio de Pater noster, alzado el entendimiento arriba, considerando cómo Dios, nuestro Señor, me mira... Y hacer una reverencia o humillación” (EE.EE. nº 75)


Hacer silencio de encuentro, que se crea cuando verdaderamente estoy ahí, presente a alguien, con todo lo que soy, disponible, tal como soy. Tranquilizarme, hacer silencio, en la fe, darme cuenta de quién es aquel que deseo encontrar, en el amor.

 

2.- HACERSE PRESENTE A DIOS


  • Ponerse en la presencia de Dios consiste en una orientación interior, en un deseo que se encarna y se extiende a toda la oración.

  • “Hacerme” es un movimiento hacia el otro, movimiento que es vida, expresa toda una libertad activa y de desprendimiento.

  • “Hacerme presente a Dios” es buscar el encuentro con el Otro que está vivo, con ayuda del Espíritu.


  • Tomar conciencia que Dios está esperándome, deseando encontrarme y entregarse.

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    ORACIÓN PREPARATORIA


    Ignacio propone empezar: “Es pedir la gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad” (EE.EE. nº 46).


    La “Gracia” es un don, un regalo de Dios.

     

    PEDIR LA GRACIA


  • “Pedir a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo” (EE.EE. nº48)
  • Pedir el bien que deseo alcanzar según el texto que vas a meditar

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    3.- MEDITACIÓN – REFLEXIÓN


    Lee el texto bíblico seleccionado. Lee todo el texto pausadamente. Déjate tocar profundamente por la Palabra de Dios, acógelo con todo tu ser (corazón, sentimientos, voluntad, imaginación, etc.)


    Vuelve a pasar por tu corazón la escena bíblica, deteniéndote donde experimentes al Espíritu Santo actuando en ti o donde tú sientas una llamada especial.


    “No el mucho harta y satisface el alma, más el sentir y gustar las cosas internamente” (EE.EE. nº 2)


    Aplicar mi memoria: ¿qué evoca en mí?, a qué aspecto de mi historia hace alusión?, que resuene en la realidad que conozco. ¿Qué significa?


    Ejercitar mi inteligencia: ¿qué es lo que entiendo? Comprendo las resonancias, implicaciones. Comparo, razono, de cuestionar. ¿Qué me dice?


    Mover mi corazón, mi voluntad: me dejo afectar, implicar. ¿Qué me pide?. Me reoriento, comprometo mi libertad por fidelidad al amor. (EE.EE. nº 50)

     

    COLOQUIO


    Se hace propiamente, hablando como un amigo habla a otro o un siervo a su señor, unas veces pidiendo alguna gracia, otras culpándose por algo que ha hecho mal, otras comunicando sus cosas y deseando consejo en ellas. (EE.EE nº 54)

     

    ORACIÓN VOCAL


    La oración vocal hace el cierre del momento de la oración ignaciana después del coloquio. Se puede terminar con un Padre Nuestro, Alma de Cristo, Ave María u otra oración personal

     

    REVISIÓN o EXAMEN DE LA ORACIÓN


    Después de acabado el ejercicio, por espacio de un cuarto de hora, sentado o paseando, miraré cómo me ha ido en la meditación. Escribo en mi diario espiritual la evaluación. Todo lo anotado lo comparto con el Guía o en el grupo.


    Analizo todos los matices de la oración, todo lo vivido, mis sentimientos, que me ha vitalizado y alimentado.


  • ¿Cuáles fueron mis sentimientos dominantes durante la oración?
  • ¿Tuve alguna resistencia personal o dificultad, miedos, temores, deseos negativos, en el momento de oración?
  • ¿Siento alguna llamada o invitación de Dios después de la oración?

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    AGRADEZCO A DIOS

     

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