CAMPAMENTO MISIÓN 2009





La Pastoral del Colegio Cristo Rey contempla en uno de sus ejes de evangelización, la “Pastoral del Fermento”. Desde ahí, propone la formación y el acompañamiento de “Líderes Juveniles Ignacianos, Todo Terreno” con la finalidad de formar a jóvenes para que sean líderes capaces de acompañar procesos de grupos, campamentos, voluntariados, misiones juveniles, catequesis, MEJ u otras comunidades juveniles, buscando ser copartícipes con Cristo en la construcción de un mundo más justo y más humano, desde una visión crítica de la realidad.
También, en el marco del mandato de la Conferencia Episcopal Paraguaya, CEP, en impulsar la Misión Continental, (Segunda etapa), “Misión sectorial y territorial”, y de este modo, salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y el don del encuentro con Cristo.
REALIZAMOS:
El Campamento Misión con los Jóvenes Lideres Ignacianos con el lema “Con San Roque González somos discípulos y misioneros de Cristo”, en la localidad de San Joaquín, Caaguazú, desde el 23 al 27 de noviembre de 2009.
Deseamos:
Compartir, fe, vida y esperanza entre jóvenes que se sienten llamados a la construcción de una comunidad más fraterna y solidaria.
Despertar en los jóvenes el amor a Cristo y a su Iglesia.
Sentir y acudir al llamado de Dios mediante una labor de servicio a los más necesitados y así colaborar en la construcción del reino de Dios.
Despertar y madurar la fe en un Dios amor que acude, asiste y tiene una mirada preferencial hacia los sectores más pobres del país.
Lugar:
Parroquia de San Joaquín, en la ciudad de San Joaquín, Caaguazú.
Fecha:
23, 25, 26, 27 de noviembre de 2009.
RESPONSABLES: Pastoral del Colegio
ACTIVIDADES:
Encuentro con los jóvenes del lugar, con los que integran el grupo juvenil de la parroquia.
Visita a una parcialidad indígena del lugar. Para conocerles, acercamiento.
Eucaristías diarias.
Pausa ignaciana al término de cada día
Encuentro con niños y niñas del lugar, para jugar, cantar, chocolatada, festejos de cumples, trabajo de higiene como limpieza de uñas, corte de cabellos, charlas sobre higiene.
Trabajo social según necesidad de la comunidad ya sea limpieza de la casa de enfermos, visita a los enfermos, dependiendo de lo que nos indiquen los anfitriones
Momentos de integración, como juegos, bailes, festivales.
Visita a la escuela agrícola de Fe y Alegría
Visita a las casas durante el día para compartir, conocer y rezar un rato e invitar para encuentro o eucaristías.
RECURSOS
El colegio corre con los gastos del transporte y materiales.
Las familias de los jóvenes misioneros aportan para los gastos de alimentación
Campaña de solidaridad:
Se realiza una Campaña de solidaridad en el colegio para llevar víveres, ropas, y juguetes para los niños y las familias del asentamiento que visitarán durante la misión, en la localidad de San Joaquín en el dpto de Caaguazu.
Las donaciones se pueden hacer llegar a la oficina de la APAC o en la Pastoral del colegio
Compartimos dos Testimonios:
Experiencia del campamento misión
Comenzó como algo no tan grande, pero fue creciendo con todo lo que significo la preparación del mismo. Llego el lunes 23 de noviembre con muchas ansias de saber lo que nos esperaba. La primera aventura que pareció un problema pero fue nuestra primera gran experiencia, cuando el bus que nos llevaba a San Joaquín no podía seguir debido al mal estado del camino y tuvimos que subir a un bus de línea de San Joaquín que nos transporto los 25km.aproximadamente que faltaban. Allí nos dimos cuenta de la realidad, este móvil estaba en un pésimo estado pero a pesar del calor, las condiciones, etc. las personas del lugar se trasladan diariamente en el, con sus hijos, también con materiales para el uso en sus respectivos campos, chacras, etc.
Llegamos a la casa de las Hermanas que se caracterizaba por el cuidado, limpieza, y la excelente atención. En esa casa vivía también un niño de 6 años llamado Marcos, nosotros le decíamos Marquitos, nunca olvidare cuando Gustavo nos conto la historia de el; un niño que fue maltratado por su mama, le derramaba agua caliente, etc. Esto nos hizo pensar en lo que nos esperaba conscientes de que como él hay miles de niños.
Las misiones comenzaron con emoción al saber que entraríamos casa por casa, con mi compañera Melisa Cuenca, recorrimos con mucha emoción. La primera casa que visitamos se caracterizaba por precariedad, eran 2 habitaciones que median 4x4 aproximadamente sin ventiladores, casi sin nada aparte de 2 camas, en ella vivían 13 personas de una misma familia. Nos recibió un Señor que a pesar de todo se mostraba tranquilo y feliz preparando el almuerzo, nos ofreció asiento en un pequeño tronco y el resto de una mesita pues tampoco tenían sillas. También encontramos una casa en la que una Señora de 60 alos de edad vivía sola y sufriendo la enfermedad del Diabetes, Un hombre de 80 años que vivía en una casa frente a la de sus hijos pero él se manejaba solo, entre otras familias.
El juego con los niños fueron hermosos encuentros pues estábamos brindando felicidad a ellos, diferentes chicos que tenían cicatrices, ojos desviados, etc. luego teníamos catecismo con el tema de la Creación. Esto terminaba con una merienda para todos ellos. Luego comenzaba la charla de Noviazgo y sexualidad que con los jóvenes del lugar fue un gran éxito, logramos integrarnos y terminamos jugando futbol en la tormenta.
El último día fuimos a la comunidad indígena de los Ache a entregar los víveres, juguetes y ropas donados. Fuimos hasta el lugar a bordo de un “cachape”. Al llegar a la comunidad los niños de la comunidad nos cantaron en 3 idiomas: guaraní, ache y el castellano. Eso nos causo mucha emoción. También nos mostraron sus flechas y sus “mochilas”.
Esto es un pequeñísimo resumen de lo que pasamos en estos 5 días, pero vivirlo fue mil veces mas impactante.
Raúl Benítez
Experiencia del campamento misión por Arsenio Cuenca 2° B
El Campamento Misión 2009 fue un acontecimiento que todos los participantes esperábamos con ansias a que llegue. Los preparativos para llevarla a cabo se dieron con dos meses de anterioridad. Tuvimos muchas reuniones y talleres de capacitación, ya que debíamos ir con suficiente manejo de conocimientos y preparar los talleres que nosotros mismos daríamos.
La Misión tuvo lugar en el departamento de Caaguazú, en las compañías de San Joaquín y Pejupá (y en la comunidad de indígenas Aché Guaraní). Luego de un largo y extenuante viaje (seis horas aproximadamente), llegamos a la congregación de hermanas de la Providencia, en San Joaquín, donde levantamos nuestras carpas (sería mi primera experiencia con carpas), repasamos el programa para los días siguientes, cenamos y descansamos.
Al día siguiente, martes, nos levantamos bien temprano para comenzar con la Misión, y la iniciamos con una oración, una oración muy fuerte, que salió desde lo más profundo de nuestros corazones, en la que nos comprometíamos de todo corazón a realizar una buena labor a favor de los más necesitados, y a transmitir alegría y bondad a los compueblanos. Ese día, la Misión nos tocaba en Pejupá, el miércoles nuevamente en Pejupá, y el jueves en San Joaquín. Nuestra tarea consistía en recorrer las casas de cada compañía y dialogar: Saber cómo se vive en ese lugar, qué hacen un día común, de qué manera consiguen el pan de cada día, las experiencias más significativas de la vida de cada campesino a quien visitábamos, las historias y leyendas de la compañía, y así salían otros temas como el fútbol, el país, los jóvenes, las fiestas, los vicios, etc. Luego del compartir, orábamos: Bendecíamos las casas y, en caso de que en esa vivienda hubiera niños o enfermos, rezábamos por ellos. Era muy reconfortante la calidez con la que te recibían, sin dudas, con toda la confianza y la alegría de acoger a misioneros en sus hogares, lo que te incitaba a continuar con más ganas en la siguiente casa.
Al principio fue difícil, porque no sabíamos cómo iba a reaccionar la gente, pero después nos fuimos dando cuenta de que eran buena gente, que se sentían felices con nuestra presencia, del júbilo que los embargaba el simple hecho de que nosotros, unos jóvenes misioneros de Asunción, los visitemos y compartamos con ellos lo que nos ofrecían, que iba desde un caramelo, pasaba por una jarra de tereré, hasta un sabrosísimo almuerzo.
Nos divertimos mucho con las dinámicas que hacíamos a la tarde con los niños, y la sonrisa que les sacábamos expresaban que estábamos haciendo un buen trabajo. Después de los juegos y las enseñazas sobre La Creación, ayudábamos a nuestros guías a darles una sencilla merienda a los niños que asistieron al encuentro, y seguido de un receso, venía el compartir con los jóvenes, con temas como el noviazgo y la sexualidad (ya no llegamos a tocar el tema de los vicios porque la lluvia no nos permitió, ya que nuestras charlas las hacíamos a campo abierto). Era increíble la atención que ponían a cada explicación que hacíamos, y me sentí a gusto al poder darles una pequeña orientación en cuanto al noviazgo y los errores que se pueden cometer con la sexualidad. Nos llegamos a compenetrar muy bien con los varones al jugar un “partido” bajo la lluvia.
También visitamos a la parcialidad Aché, una interesante etnia que vive en este departamento. Con nuestra llegada, reunimos a toda la comunidad en lo que sería su salón religioso, que consistía en una pequeña habitación. Eran muy pobres, pero estos fueron los que más se maravillaron con nuestra llegada. Nos contaron un poco de su historia, sus tradiciones, cantaron para nosotros y también llegaron a vendernos lanzas. Nos quedamos allí aproximadamente una hora, les llevamos víveres y les dimos las gracias por recibirnos. Quisiera tener la oportunidad de misionar allí con más tiempo.
Fue una experiencia inolvidable, única, en la que nos conectamos con nuestros hermanos paraguayos que viven diferente a nosotros. Al terminar cada día, me sentía bien, en paz, a gusto conmigo mismo por haberle hecho sentir feliz a personas que viven en la rutina. Me gustó mucho que nos hayan recibido con las esperanzas puestas en el Señor. La sensación que uno percibe al ser recibido con la humildad que los caracteriza es algo que no se puede describir, que para saber en qué consiste sólo se debe vivirlo. Lo que más me gustó fue que en cada hogar que íbamos nos pedían que no nos olvidemos de ellos, que volviéramos, porque lo que nosotros estábamos haciendo era algo que gustaba a toda la comunidad. Creo que esto se daba porque fuimos un grupo unido, alegre, trabajador, que no se quejaba de nada, que ponía mucha garra en lo que hacía, y que, por sobre todo, se encomendaba cada día a Dios. Estoy seguro de que este campamento significó un cambio profundo para muchos de los que nos fuimos, un cambio en el concepto que tenemos sobre nuestro pueblo, para apostar a favor de los más pobres y, a partir de esta experiencia, realizar nuestras “misiones” a lo largo de la vida.
Arsenio Cuenca